Compañia Periodistica Subcaliforniana, Los Cabos, BCS. Mexico
  Director General: Fernando González Corona / Director-Editor: David Rojo Reyes Número 6915 jueves 02 septiembre 2010 Año 18  
 
 Opinion
 
Opinion - 23 / 04 / 2009
De Política y Cosas Peores



Pimp y Nela, se llamaban. Él era gigoló, y ella su damisela. En otro tiempo habían sido pareja de baile (“La Sombra de Ginger y Fred”), pero esos días quedaron muy atrás -todos los días quedan muy atrás-, y ahora ella vendía y él cobraba. En cierta ocasión un apuesto y toroso mancebo solicitó los servicios de Nela. Era norteño el mocetón, y campirano, según lo daba a adivinar su atuendo: sombrero texano; camisa a cuadros; cinturón de pita con hebilla plateada en forma de cabeza de caballo; blue jeans; botas vaqueras. Ella lo llevó en taxi a un motel de los de corta estancia o pago por evento. Pimp siguió a la pareja en su automóvil -un convertible grande, modelo 82-, pues su trabajo consistía en dar protección a su pareja, y asesorarla en caso necesario. Ya en el cuarto, Nela ayudó al muchacho a despojarse de su vestimenta, y no pudo menos que sorprenderse gratamente al constatar la munífica largueza con que Natura había dotado a su galán de turno. Antes de empezar las acciones el lacertoso joven le preguntó a la daifa, con cautela campesina, a cuánto ascendía el monto de su tarifa, coste, honorarios, importe o arancel. Ella, conforme a las instrucciones recibidas de Pimp, respondió que la dicha cuota ascendía a 500 pesos. “Lástima -se apenó el fornido zagalón-. Nada más traigo 400. ¿Podría usted hacerme alguna consideración?”. Replicó Nela, terminante: “Nuestra política es de precios fijos. No estoy autorizada a hacer descuentos”. “Entonces vámonos” -dijo el ranchero con laconismo propio de las zonas desérticas del norte del País. Y así diciendo comenzó a vestirse. “Espera un poco -le pidió Nela, cuyas hormonas se habían agitado a la vista de los aperos del gañán-. Déjame ver qué puedo hacer”. Salió del cuarto Nela; fue hacia Pimp y le dijo respirando con agitación: “¿Podrías prestarle 100 pesos al muchacho?”... Los voceros oficiales dicen que es tiempo de que nos apretemos el cinturón. Según investigadores muy acreditados los mexicanos hemos vivido con el cinturón apretado desde 1325, año de fundación de Tenochtitlan. Yo me pregunto si el Gobierno y familia que lo acompaña se apretarán también el cinturón en esta nueva crisis. Hay una casta de funcionarios que cobran sueldos estratosféricos, superiores a los del Presidente de la República. Hay una red vastísima de consultores y asesores que jamás son consultados y cuya asesoría nunca es solicitada. Hay una cáfila de “representantes populares” -diputados y senadores- que a nadie representan, y que ni siquiera tuvieron que ganar una elección para estar donde no deberían estar. En muchas dependencias del Gobierno hay más aviadores que estrellas en el cielo o arenas en la mar. ¿Se apretará el cinturón toda esa inútil, gravosa burocracia? Y otra pregunta me atormenta: ¿cuál es la capital de Dakota del Sur?... Al empezar la noche de bodas el anheloso novio le preguntó a su mujercita: “¿Soy yo el primero?”. “¡Ay! -se impacientó ella-. ¿Por qué todos me preguntan lo mismo?”... La señora le dice a su marido: “Me temo que hoy la comida estará algo quemada”. “¿Qué? -se alarma el esposo-. ¿Se incendió el local de la comida para llevar?”... Un caballero de edad más que madura, educado y elegante, fue llevado ante el juez. Se le acusaba de atentados al pudor, estupro, rapto y violación. Le dice con asombro el juzgador: “Veo en su expediente que hasta hoy su comportamiento había sido ejemplar. ¿Por qué ahora, a su edad, con su cultura y su posición social, comete todos esos delitos sexuales, habiendo sido siempre un buen ciudadano, pilar de su comunidad?”. “Señor juez -responde apenado el veterano-. Sucede que empecé a escribir mis memorias, y me di cuenta de que estaban muy aburridas”... FIN. Mirador Por Armando FUENTES AGUIRRE Hay cosas que son hereditarias. La alegría de vivir. El entusiasmo. La curiosidad por conocerlo todo. El asombro ante el mundo y sus criaturas. La sabiduría para gozar las pequeños regalos de la vida y los milagros que trae consigo cada día. El ver la tierra, el mar y el cielo con nuevos ojos, como si todo lo viéramos por primera vez... Todas esas cosas, en efecto, son hereditarias. Los abuelos las heredamos de nuestros nietos. ¡Hasta mañana!... Manganitas Por AFA “... Una revista de Londres le ofreció a una artista fea y madura un millón de libras esterlinas por su virginidad...”. Es muy raro ese convite... Si a mí -no lo quiera Dios- me piden que se la quite, tendrán que pagarme dos.
  Armando Fuentes Aguirre “Catón”

 



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